Viernes de Superhéroes Bizarros: los héroes y las balas

Supongo que muchos de los que están leyendo esto, ya que son aficionados a los comics, soñaban cuando eran pequeños con tener superpoderes. Es curioso que los seres humanos compartimos sueños esencialmente similares, por lo que solíamos tener predilección con capacidades como volar, ser invisibles o ir a velocidades supersónicas. En mi caso, sin embargo, tras mucho pensarlo (ser superhéroe cuando tienes ocho años es un asunto que te tomas bastante en serio) decidí que sea lo que fuera que pudiera hacer, me pudiera volver, de una u otra manera, inmune a las balas. Que se encarguen otros de volar, pensaba, que yo prefiero cubrirme las espaldas, aunque es gracioso que por una vez que jugué a un juego de rol de superhéroes escogí como superpoder controlar el sonido, algo que no ayuda precisamente a detener los disparos. Por cierto, ese personaje fue el germen del que luego sería Distorsión, el cantante de The Jammers... y aunque él no podía esquivar balas, su compañera Echo sí podía hacerlo por él... hasta yo mismo cumplo con la norma de este artículo, que fue escrito mucho antes de que escribiera ese libro.


Y es que el primer obstáculo que choca de manera brutal contra el mundo de los superhéroes es el de las armas de fuego. Al fin y al cabo, con la invención de las balas se consiguió que cualquier hombre, por débil o poco entrenado que estuviera, tuviera el potencial necesario para acabar con sus semejantes en cuestión de segundos. La llegada de las armas de fuego resultó ser en términos militares tan traumática como la invención de la ballesta en plena época de los caballeros andantes.


Por eso, cuando uno piensa en cómo serían los superhéroes en el mundo real, se da cuenta de que deben ser realmente heroicos, porque si luchan contra asuntos sucios y turbios como las mafias o las guerras de bandas, tarde o temprano estarán en el punto de mira de alguna beretta o algún rifle de mirada telescópica. De pequeño, particularmente, me impactaba la clásica imagen del sicario con ametralladora, para mí una fuerza del mal imparable contra la que un personaje de colores pintorescos nada podía hacer. Supongo que Stan Lee y otros creadores de lo que hoy conocemos como superhéroes también se plantearon esas cuestiones con un mínimo de consideración, porque si uno se para a pensarlo, un gran número de personajes pueden, de una u otra manera, neutralizar incluso contundentes salvas a quemarropa. Y no sólo me refiero a los norteamericanos, cuya obsesión por las armas ya quedó más que clara gracias a la película de Michael Moore que le valió el Oscar al mejor documental. En el mundo del manga japonés, por ejemplo, las armas son también elementos de atrezzo más que usuales en muchas de sus historias (que van desde Cowboy Bebop hasta City Hunter, pasando por Akira o Ghost in the Shell, por mencionar mangas bastante conocidos en el mundo occidental).

Las armas son, además, un asunto de mucha importancia a la hora de destinar el mercado de comics y animación a un público más joven. No deja de ser curioso que en muchas versiones televisivas de comics como Spiderman o Iron Man las ‘armas’ suelen ser modernos y extravagantes rayos láser que en vez de matar a la víctima la aturden o la lanzan contra la pared más cercana, como si fuera una cachiporra a distancia. No se debe olvidar, tampoco, la saga de la Guerra de las Galaxias, y cómo una de las cosas que pueden hacer los jedis es desviar las descargas con sus sables de luz (porque de lo contrario, por muy jedis que sean, un rayo bien dado los deja bien fritos). Por mencionar también un caso más reciente, en la futura película de los Transformers de Michael Bay (que supongo seguirá siendo futura cuando se lea este artículo) ya se ha confirmado que el personaje de Megatron no se transformará en arma alguna sino en tanque, y varios actores han hecho declaraciones al respecto diciendo que no será así ya que se tiene cierta responsabilidad con el público. Si bien no deja de ser graciosa la doble moral de los americanos (porque las otras formas que se barajan para Megatron son tanque o avión de combate, que deben ser más políticamente correctas por ser instrumentos del ejército yanqui para ajusticiar maleantes por todo el mundo), se puede dar un voto de confianza y decir que un motivo de peso también para que Megatron no se transforme en el conocido modelo Walther P-38 es la cuestión absurda de que de repente una mole de diez metros de altura y varias toneladas de peso pase a ser un arma de mano capaz de ser empuñada por uno de sus congéneres. Sin embargo, ese motivo se diluye ya que la compañía Hasbro declaró que los juguetes de Megatron que se comercializaron hace años nunca serán reeditados en Estados Unidos (sí en Japón) por su abrumadora similitud con el arma original (cuando es más que claro que ningún niño comprará un juguete de una serie de hace veinte años y menos con los desorbitados precios de mercado que tienen).

De ese modo, paso a describir algunas maneras que tienen los superhéroes de evitar el engorroso asunto de acabar como un colador viviente:


Las balas me hacen cosquillas. ¿Qué mejor método para no preocuparse por las balas que ser totalmente invulnerable a ellas? Y si no que le pregunten a Superman, que ha convertido esa cualidad en parte principal de su imagen. No en vano por algo es conocido como el Hombre de Acero, y así de hecho, si el proyecto sigue el curso actual, será nombrada la enésima película que le tiene por protagonista. Muchos dibujantes como Alex Ross han convertido esa cualidad del kryptoniano de rebotar los disparos como un emblema para sus diseños, y tampoco fue algo obviado en la reciente Superman Returns, donde una de las escenas del trailer más famosas era la de un pistolero disparando a Superman en pleno ojo y la bala aplastándose como si nada.


Soy capaz de esquivarlas. El máximo exponente de esta capacidad milagrosa de salir ileso de un tiroteo es, sin lugar a dudas, Spiderman y su cualidad más que sobrehumana para evadirlas sin despeinarse. Parte del toque maestro de Stan Lee fue que no sólo se limitó a decir que el arácnido era tan rápido como para poder saltar a tiempo, sino que además le dotó del sentido arácnido, un radar perfecto que ya querrían los del Pentágono para saber no sólo que hay peligro, sino cómo de peligrosa es la amenaza en cuestión. Con el paso de los años el sentido arácnido de Spiderman, de hecho, ha sido desvirtuado hasta convertirse en algo casi omnipotente que le permite incluso atravesar una lluvia de balas para asestarle el puñetazo de dulces sueños al malhechor correspondiente en el callejón de turno.

En Ultimate Spiderman, a Brian Michael Bendis, gran estudioso de los comics y personajes clásicos, no le pasó por alto tanto la capacidad de Spiderman para esquivar balas como su alta capacidad regenerativa. Decidió aportar un toque de realismo al personaje haciendo que resultara impactado en el hombro por un disparo efectuado, no por un atracador, no por un supervillano, sino por la policía, siendo la sorpresa del lector mayúscula al descubrir que Spiderman no posee factor regenerativo alguno, por lo que le deben tratar de urgencia en un hospital (y su identidad es, de hecho, descubierta más tarde por los médicos que le han examinado).

Hay otras maneras de apartarse de la trayectoria de un disparo, pero ninguna de ellas resulta ni de lejos tan eficaz como la ideada para el trepamuros. Es cierto que Flash y Mercurio son tan rápidos que pueden, ya no esquivar la bala sino directamente cogerla, pero incluso admitiendo que sus reflejos también estuvieran acelerados, eso no les salvaría de un traicionero disparo por la espalda. Por otro lado, si bien Daredevil posee un radar que le avisa de los enemigos cercanos, carece de los reflejos necesarios para saltar a tiempo (por mucho que pueda escuchar los latidos de sus oponentes).


Puedo recuperarme de algo así. Esto no deja de ser una variante de la invulnerabilidad, algo así como ‘me hacen daño, pero menos’. Por lo menos se agradece un esfuerzo por parte de los guionistas para ser un poco más descriptivos y no limitarse a una sencilla línea donde se comenta de manera escueta que las balas no pueden con fulanito.

Alguien que responde muy bien a este modelo es Lobezno. El mutante canadiense ha sobrevivido a tantas cosas (ser quemado vivo, que su corazón sea atravesado por una espada samurai) que era de esperar que un disparo no fuera más que otra más que añadir a la larga lista. En el mundo del celuloide, sin embargo, se volvieron a hacer eco de esa capacidad. Así, en X-men 2, Lobezno recibe un disparo en la cabeza, y de nuevo un policía es el responsable, pero su metabolismo ya no sólo le cura sino que además escupe la bala de su cráneo (debe ser que las neuronas de Lobezno tienen patitas y cargaron ellas con el proyectil). Otros, como Veneno o Mister Fantástico, han perfeccionado el método y de ese modo sus cuerpos, directamente, no dejan entras las balas en ellos, bien porque una criatura simbionte se encarga de frenar las balas cual chaleco antibalas orgánico, bien porque sus cuerpos son tan elásticos que rebotan en él (aunque siendo físicamente coherentes, no hay goma tan elástica como para no poder ser atravesada, basta con aumentar la velocidad del proyectil, y por tanto su fuerza, o disminuir la superficie de contacto).


Desvío las balas. Otros héroes optan, directamente, por interponer entre ellos y las andanadas de plomo objetos como escudos (y no escudos cualesquiera, sino escudos únicos y aparentemente irrompibles como el del Capitán América), brazaletes (como los que emplea Wonder Woman) o campos de fuerza (como el generado por la gema del pecho de Darkhawk, un héroe cuyos peores enemigos en sus inicios eran sindicatos mafiosos). Es un método que no deja de resultar gracioso en términos estéticos, pero no va más allá de eso. Se centra en la idea de que el poseedor de tales objetos es capaz de emplearlos de una manera que ningún otro podría usarlos jamás. Es, de hecho, el mismo motivo por el que se dice en la Guerra de las Galaxias que no todo sujeto con un sable de luz en la mano, por muy poseedor de la Fuerza que sea, es capaz de rebotar las descargas de los soldados imperiales (o separatistas, según lo que estén viendo). En cierto modo, se está haciendo cierta trampa con el lector. Si alguien poseyera de verdad la agilidad de Spiderman o la velocidad de Flash puede llegar a ser creíble que las armas no supusieran problema para él, pero por mucho que a un superatleta le den un escudo indestructible, no sabemos a ciencia cierta en qué consiste su entrenamiento para ser capaz de posicionarlo siempre en el lugar adecuado y en el momento apropiado.


El fuego se combate con fuego. Este, por desgracia, es el único método de los aquí listados que existe en la realidad para combatir las balas, y es disparar antes. Es de una lógica perversa y abrumadora que la mejor manera de eludir una bala es no tener que hacerlo nunca, y dado que los enemigos de los héroes no tienen escrúpulos, algunos de ellos, más justicieros que otra cosa, deciden que es mejor dejar un rastro de cadáveres a su paso. El mejor ejemplo de ello puede que sea el Castigador, prototipo no sólo del antihéroe moderno sino también comienzo de la era de tipos oscuros que acabó por instalarse en el mundo de los superhéroes. Si bien comenzó disparando balas de goma, una coletilla de moralina de la que los guionistas no tardaron en deshacerse, Frank Castle acabó convirtiéndose en un personaje de cómic famoso por sus brutales métodos y por el hecho de que, por una vez, sus enemigos no regresaban al número siguiente. Desde su punto de vista vimos las grandes ciudades más como selvas donde se entablaba una guerra que como lugares de orden y justicia, la imagen que constantemente los comics de superhéroes trataban de vender.

Otro ejemplo interesante, que no pertenece estrictamente al marco de los superhéroes, es el de Lara Croft. Cuando la arqueóloga fue creada para Tomb Raider, una de las cosas que mejor la definía era sus clásicas pistolas a los lados del cinturón. Sin embargo, en ese primer juego Croft disparaba contra toda clase de animales, incluso enormes dinosaurios, pero nunca contra seres humanos, ya que así lo deseaba su creador, que perdió la batalla en Tomb Raider 2, donde ya aparecían contendientes igualmente armados. Eso propició que la imagen de Lara Croft se distanciara más de la de Indiana Jones y pasara de ser una arqueóloga a una especie de mercenaria a sueldo con escasos escrúpulos, un personaje ambiguo y extraño que parecía moverse más en búsqueda de emociones que de tesoros.

Y hablando de Indiana Jones, capítulo aparte merece este genial personaje, que se caracteriza por su empleo del látigo en detrimento de otras armas aparentemente más eficaces. Es en cierto modo un prototipo deformado del aventurero real que se rige por la premisa de ‘debo sobrevivir a toda costa’, pero el toque humorístico de las peleas propicia situaciones hilarantes como la ocasión en que dispara a un experto en el manejo del sable (y todo gracias a que Harrison Ford estaba enfermo y sugirió disparar al enemigo para acortar la escena) o cuando él y su padre están discutiendo delante de los nazis, en plena bronca agarra el fusil de uno de sus enemigos, los acribilla a todos y da por finalizada la discusión con un lapidario ‘no me llames Junior’.

Creo que no podría acabar este repaso sin hacer mención a dos personajes para los que el mundo de las armas de fuego es crucial en sus personalidades. El primero de ellos es Batman. Gracias a Frank Miller, este detective con capa pasó a convertirse en un terror nocturno que atacaba a sus enemigos, más que con puñetazos, con el miedo. Nunca en ningún momento se ha aclarado que Batman evite las balas de una manera concreta, a veces es porque es rápido, a veces es porque su traje está blindado. Batman, en muchos aspectos, es más que un personaje de comic, es mitología pura, sólo un hombre sin poderes (como siempre insiste mi madre) pero con una fuerza de voluntad inmensa y una dedicación absoluta a la lucha contra el crimen. Batman es como Hércules en un mundo de dioses, un mortal capaz de actos más que sobrehumanos.

Y en el entorno de Batman abundan los villanos armados. No sólo matones de poca monta (como esos que desarma con un batarang en la cabecera de la serie animada, fantástica en términos de dibujo), sino también sus peores enemigos, como Joker, Dos-Caras o Pingüino (poseedor de una peculiar ametralladora con forma de paraguas).

Eso no quiere decir que en el mundo Marvel sean unos puristas al respecto. En una ocasión dieron el paso en sentido contrario, y en vez de minimizar el potencial letal de los pistoleros, crearon a un personaje aún más terrorífico, algo así como lo que sería un francotirador de tener superpoderes. Me refiero, por supuesto, a Bullseye.

Bullseye posee una peculiar cualidad muy sencilla de explicar en tres palabras: no falla nunca. Es por eso que este terrorista internacional (cuyo pasado es vinculado a los conflictos de Nicaragua, poniéndole en el ojo del huracán del realismo en términos de armas) ha sido siempre un enemigo terrible, capaz de emplear los objetos más extraños para derribar a sus oponentes. En manos de Bullseye todo es letal, como bien muestra un comic de Daredevil guionizado por Kevin Smith donde el Hombre sin Miedo le parte los piños de un puñetazo y Bullseye, ni corto ni perezoso, usa uno de sus propios dientes como proyectil, obligando a Daredevil a interponer su bastón para frenarlo a duras penas.

Hay muchos otros ejemplos interesantes en el mundo Marvel relativos a las armas. Uno muy bueno y bastante desconocido es un número de Spiderman (Spectacular Spiderman 71, si alguien tiene interés en leerlo) donde el trepamuros debe interceptar un cargamento ilegal de armas y munición que llegará a la ciudad. Se insiste mucho en el punto de vista social y periodístico, y el toque maestro es aportado en la parte final del comic, donde al mismo tiempo que somos testigos de cómo Spiderman estrecha el círculo para conocer el paradero del cargamento, vemos, en viñetas intercaladas, que otras armas ilegalmente introducidas en el país truncan numerosas vidas (y son ejemplos muy dispares, no sólo moralistas, como un padre que mata a su hijo creyéndolo un ladrón, o un hombre que se dispara por accidente en lo que limpia su propio revólver).

Así que las armas, ya lo saben, son parte importante del imaginario de los comics en general y los superhéroes en particular. De eso se dio cuenta J.M. DeMatteis, quien cogió a un villano clásico de Spiderman y le otorgó su momento de gloria, primero disparando a Spiderman con un rifle (‘¿un rifle?’, no puede dejar de pensar un aterrorizado lanzarredes al verse en el punto de mira), y luego suicidándose con el mismo arma y privando así de la venganza a su enemigo. Ese personaje era Kraven el Cazador, quizás el más apropiado para tener un arma en sus manos. Y si aún siguen opinando que las armas en los comics son tomadas a la ligera, piensen que Marvel ha resucitado a muchos de sus personajes en un esfuerzo patético por reciclar más y más aventuras para su franquicia, pero nunca, nadie, se ha atrevido a traer de vuelta a Kraven (salvo como ‘fantasma’, claro). Y es que volarse la tapa de los sesos es tan aterradoramente real que todo intento de obviar algo así está abocado de lleno al fracaso.

Viernes de Superhéroes Bizarros: The Runaways

Y de nuevo retomamos los artículos ya publicados sobre superhéroes, esta ocasión con uno de mis grupos favoritos: los Runaways. Aunque el artículo tiene ya varios años, los Runaways no han sido olvidados: en el año 2012 se publicó un tomo recopilatorio de sus primeros números y las ventas debieron acompañar, pues para este año saldrá un segundo tomo que continúa donde quedó el primero.

Hace tiempo tenía la sensación de que en Marvel se estaba llevando a cabo una gran sucesión de ideas, a cada cual de ellas más innovadora. Pero en realidad no era así. No que las ideas no fueran innovadoras, que lo son, sino que fueran nuevas. Ya en la década de los noventa, en medio de la tan cacareada Marvelution, un autor llamado Paul Jenkins intentaba convencer a los jefazos de la casa de las ideas para que apostaran por el Vigía, un grandioso superhéroe que había estado en todos los acontecimientos esenciales del mundo Marvel pero que había sido eliminado de los recuerdos de los demás. Ya por aquellas fechas J.M. DeMatteis, que se encargaba de los guiones del Capitán América (y que creó a villanos memorables como Vermin) intentó matarle en una trama realmente magistral que incluía a su gran enemigo el Cráneo Rojo y en la que, tras su muerte, se decretaban en su honor unas horas de paz mundial con el cese de las armas. Tras aquello, DeMatteis proponía que su sustituto fuera un nativo —¿quién mejor para simbolizar los Estados Unidos?— y apostaba por Cuervo Negro.

El caso es que estas ideas se impusieron a las cabezas cuadradas que las rechazaron en su momento y hace poco llegaron a nosotros, un poco cambiadas pero esencialmente intactas. El de los Runaways es un caso similar a los anteriores. El problema de los Runaways para que en el pasado pasara de largo sin demasiado éxito, curiosamente, consistió en su abrumadora originalidad. No porque la idea fuera completamente nueva, pero sí porque resultaba muy fresca, tan fresca que parecía no encajar en el tan a veces estancado universo Marvel.


La premisa de los Runaways se puede resumir con un pequeño eslogan que en muchos casos sirvió de promoción de la colección: siendo adolescentes todos hemos pensado alguna vez que nuestros padres son unos malvados, pero ¿y si lo fueran en realidad?

La historia nos pone en la piel de un grupo de chicos de Los Ángeles cuyos padres se reúnen una vez al año con motivo de una sociedad benéfica que promocionan en conjunto. En principio parece que sus padres son los clásicos ricachones que no prestan demasiada atención a sus hijos, pero resultan ser mucho más que eso. Ya en el primer número se destapa el pastel cuando sus hijos, aburridos (ya que sólo se ven una vez al año y eso no hace que tengan mucha confianza entre ellos) deciden espiar a los progenitores y, sorpresa, están sacrificando a un joven muchacha, de la misma edad que ellos.

Pronto se sabe que los padres modelo resultan ser la cúpula de una organización llamada El Orgullo que controla casi por completo la ciudad de Los Ángeles. Son un grupo bastante heterogéneo que incluye hechiceros, mutantes, mafiosos, alienígenas e incluso viajeros del tiempo. Como resultado de su descubrimiento los chicos huyen para vivir por su cuenta, lo que marcará una constante en la colección, con el objetivo de desmantelar la organización de sus padres y desbaratar lo que parece ser un elaborado plan maestro.

La serie tiene muchos detalles que la hacen muy atractiva. Los Runaways son unos chavales muy jóvenes, y eso es algo que se enfatiza mucho a lo largo de la serie. A veces son irresponsables, otras veces alocados, casi siempre inexpertos. Uno de ellos, Molly Hayes, ni siquiera llega a ser una adolescente. El guionista, Brian K. Vaughan, es un auténtico experto manejando los diálogos e introduciendo muchos detalles de la cultura pop en la colección, como referencias a Pink Floyd o Cary Grant. A pesar de ser chicos jóvenes y un poco cabezalocas, cada uno de ellos es un mundo y están muy diferenciados, tanto en gustos como en actitudes y manera de ver la vida.


Otro detalle ciertamente rompedor con el estilo Marvel es la ausencia tanto de trajes como de nombres clave. Cada uno de los componentes del grupo suele vestir con un cierto estilo (como Nico Minoru, que casi siempre usa ropas góticas), pero están muy lejos de los disfraces encorsetados y las mallas con símbolos. Por otro lado, el asunto de los nombres es casi tomado a broma, y escogen seudónimos a cada cual más horrible pero, por otro lado, no hacen sino afianzar la idea de que los Runaways no son más que un grupo de chicos que no posen precisamente la templanza de otros grandes equipos como los Vengadores.

Pero eso sí, no por ser primerizos resultan ser menos poderosos. Los superpoderes que cada uno de ellos posee son bastante originales y, de nuevo, alejados del estándar de Marvel. Alex Wilder posee una inteligencia hiperdesarrollada, además de ser un genio estratega. Nico Minoru tiene en su poder un báculo mágico con el que puede intentar cualquier hechizo, pero sólo una vez en toda la vida. Si el hechizo falla no hay segunda oportunidad, aunque eso si, según su madre es un objeto tan poderoso que su portador podría doblegar al mismísimo Dormammu. Molly Hayes, a pesar de su juventud y su carácter infantil, es una mutante con una fuerza tan inmensa que llegó a separar a Capa de la dimensión oscura con la que está fusionado y que puede incluso rivalizar con Hulk. Karolina Dean es una alienígena que puede volar y que, al parecer, puede emplear la luz de diversas maneras. Chase Stein es un pequeño genio de las máquinas que ha llevado aparatos tales como guantes flamígeros y gafas de rayos X. Y por último mi favorita, Gertrude Yorkes, que heredó de sus padres un velociraptor traído del pasado y al que llamó Compasión, con el que posee un vínculo empático. A medida que avanzó la colección algunos miembros se fueron y aparecieron otros nuevos, de los que poco se puede decir sin desvelar más de la trama y sus orígenes. Basta con decir que el espíritu de la colección seguía siendo el de juntar a adolescentes cuyos padres tuvieran ansias de poder al más puro estilo supervillanesco.

La colección es aún muy reciente y no han aparecido muchos números, pero su calidad no deja lugar a dudas. De hecho es curioso que si hay algo que en mi opinión podría sobrar en los Runaways es, de hecho, el resto del universo Marvel. Varias veces se han cruzado con otros personajes que, o bien tratan de ayudarles por haber pasado por la misma experiencia que ellos (como Capa y Puñal) o bien tratan de recriminarles que están jugando a ser adultos (como los Nuevos Vengadores). Es posible que la utilización más interesante de otros personajes de la casa de las ideas venga de la mano de Excelsior (sigh), un grupo de superhéroes retirados que, al estilo de Alcohólicos Anónimos, tratan de ayudar a los chicos que fueron demasiado jóvenes cuando obtuvieron sus poderes. Algunos de sus miembros son Phil Urich (que fue durante un breve tiempo el Duende Verde), Cámara (antiguo miembro de Generación-X), Ricochet (miembro de los Slingers) y otro de mis héroes favoritos, el genial y atormentado Darkhawk, miembro tanto de los New Warriors como de los Vengadores de la Costa Oeste.


Los Runaways han interactuado también con los villanos Marvel, y no sólo malos de tercera, también han peleado contra algunos auténticos pesos pesados que es mejor no decir por si alguien tiene interés en leer la colección, pues su identidad tiene importancia argumental. Lo más importante es decir que lo aquí contado sólo es la punta del iceberg de una colección que ignoro qué camino tomará en el futuro, porque todo a fuerza de ser explotado se agota y más aún en el mundo de los comics, pero que seguro lo ya publicado no tardará en ser considerado un pequeño clásico moderno imprescindible de leer para ver una muestra de lo que se puede ofrecer hoy en día en el tan trillado mundo de los superhéroes.

Viernes de Superhéroes Bizarros: los colores en los superhéroes

Una de las ventajas que tiene el mundo del comic con respecto a la literatura es que la imagen puede ejercer una poderosa influencia sobre el lector. Los diseños empiezan a cobrar importancia, y también los colores, aunque no en todos los casos (pues en el mundo del manga, muchas veces en blanco y negro, no pueden ser apreciados más allá del blanco, negro y los tonos intermedios).

En el mundo de los superhéroes, sin embargo, los colores son una cosa, más que importante, crucial. La verdad es que ignoro hasta qué punto son un asunto creativo de los guionistas o de los dibujantes, pero lo que está más que claro es que no es un asunto dejado al azar. Bueno, al menos en los personajes, digamos, memorables, porque si uno se para a ojear comics viejos de esos que ya nadie recuerda, aparece cada esperpento de colores chillones y ridículos que casi es necesario tomarse una aspirina para combatir las migrañas que entran al mirarlos fijamente.

Y es que en los inicios de los superhéroes había una especie de norma no escrita pero que sin embargo se respetaba a rajatabla salvo en contadas excepciones: para los héroes se usan colores que transmiten calidez, mientras que en el caso de los villanos sucede todo lo contrario. ¿Es algo casual? Ni mucho menos, pero de momento no me pararé demasiado en ejemplos, eso vendrá dentro de nada. Sólo mencionar que incluso en la actualidad se sigue esa norma, o si no, por poner un ejemplo tangencial al mundo de los comics, piensen en la mítica serie de los transformers, donde hay personajes para dar y tomar. El esquema de color de los autobots, en la mayor parte de los casos, utiliza colores cálidos, o al menos de tonos suaves. Los decepticons, sin embargo, se caracterizan por colores fríos, incluso versiones apagadas de colores cálidos (azul oscuro, granate, etc). Recontra, si incluso el símbolo de los autobots es de color rojo y el de los decepticons de color púrpura…

(a las pruebas me remito... aquí, ambos emblemas)

Hablando de rojo y púrpura, ahora viene lo que es uno de los asuntos relativos al color para los supertipos que más me gusta. Centrémonos en el mundo Marvel. Pensemos en todos los personajes clásicos que fueron creados por Stan Lee y un montón de dibujantes y diseñadores cuyo porcentaje de mérito nunca sabremos, como Steve Ditko y Jack Kirby. Si se fijan bien, hay un alto, altísimo predominio del esquema rojo y azul en los héroes. La lista es, de hecho, inmensa: Spiderman, Capitán América, los Cuatro Fantásticos, Thor, Doctor Extraño, etc. De hecho, el caso del Capitán América es el que sirve para darse cuenta de que no hay nada aleatorio en esos dos colores, los colores que componen la bandera de los Estados Unidos en mayor proporción. Sin entrar en engorrosos argumentos políticos, está más que claro que la asociación de esos colores con los flamantes personajes heroicos es más que significativa. Fuera del mundo Marvel, el paladín de la justicia misma lleva también esos colores. Me refiero, por supuesto, a Superman. Y volviendo a los transformers, hay uno de ellos que también responde a esos colores: Optimus Prime, prácticamente un Superman de metal, el prototipo perfecto del defensor del modo de vida americano, con frases como “freedom is the right of all sentient beings”. Una frase que aparece en el trailer de la película, así como su esquema rojiazul (y no, Optimus Prime no es hincha del F.C. Barcelona).

Los héroes mencionados, de izquierda a derecha... hacer clic para ver el predominio de rojo y azul en detalle

Hay que admitir una excepción, proveniente de la misma serie, y es el decepticon Starscream. Su patrón de colores es claramente rojo y azul (con cierto predominio del blanco, también) y es, sin embargo, más malo que el hambre. Sin embargo se trata de un personaje complicado y peculiar, que cuenta con gran cantidad de lectores/telespectadores a los que agrada (como yo mismo). En series posteriores se le llega a dotar de cierta nobleza interior, de la que carecía por completo en la serie original, e incluso se convierte en miembro de los autobots por un tiempo. Resulta interesante mencionar que en la serie original había otros dos decepticons que eran exactamente iguales a él físicamente hablando y sólo se diferenciaban en el color (en concreto eran Skywarp, negro, y Thundercracker, azul claro). Apenas se da cancha a estos personajes en detrimento de Starscream, el eterno aspirante a líder, y no debería haber duda acerca de que los colores fueron determinantes para decidir cuál de esos tres personajes sería el de personalidad más fuerte.

Starscream es un villano con colores de héroe, pero que a menudo es retratado con tintes heroicos

Volviendo al Universo Marvel, en el lado contrario tenemos a los villanos. A veces monstruos sin conciencia, a veces orgullosos manipuladores, a veces simplemente ladrones de poca monta, pero en general muchos de ellos unidos por el patrón cromático. Y si para los héroes se trataba del rojo y el azul, un vistazo a los colores de la época evidencia que el púrpura y el verde eran los colores del mal por excelencia en muchísimas ocasiones. Inicialmente me dio por pensar que se debía a un toque más del genial Steve Ditko, porque la lista de enemigos de Spiderman uniformados de esa manera era inmensa: Misterio, el Duende Verde (con la característica implícita en su propio nombre), Doctor Octopus (que en aquella época siempre vestía de verde), Escorpión, el Hombre de Arena, el Buitre, el Lagarto (que ya no es que vista de verde, es que él en sí es verde; por otro lado, ¿a nadie nunca le ha parecido forzado un personaje con los pantalones de color púrpura?). Sin embargo, si ampliamos un poco las miras a otros villanos clásicos del mundo Marvel el patrón permanece: Hulk (que empezó como gris pero pronto pasó al verde y púrpura y, no lo olvidemos, en sus inicios no era considerado un héroe), Doctor Muerte, Galactus, Kang, los Skrulls, Escarabajo, la Bruja Escarlata, Loki… la lista es inmensa y seguro que otros más entendidos pueden completarla mejor que yo.

De izquierda a derecha y de arriba abajo, Mysterio, el Duende Verde, Doctor Octopus en sus inicios, Hulk, Kang y Lizard. Todos ellos creados por Stan Lee pero no diseñados por los mismos dibujantes

Y como antes, hay alguna que otra excepción notable que reseñar. La más notable que he visto es Magneto, otro personaje, al igual que Starscream, de bando aparentemente definido pero con suficiente cerebro como para aliarse con el enemigo si lo cree conveniente. Los colores de Magneto son una amalgama de los patrones anteriores: rojo y púrpura. El personaje de Magneto, de hecho, no siempre fue malvado. Ignoro si dicha elección llegó hasta tales extremos de sutileza, pero no hay duda de que algo se debió cocer en el momento en que Stan Lee o Jack Kirby (probablemente éste último) decidió, “sí, vestirá de rojo y morado”.

Y en efecto, estos patrones superaron las barreras del Universo Marvel y fueron compartidos por otros personajes malvados clásicos. El Joker, sin ir más lejos, es un perfecto ejemplo del uso del púrpura en los villanos. El púrpura parece el color que predomina de manera clara a la hora de definir como villano a un personaje, sobre todo si es el más presente. Si se pudiera hacer una especie de test en el cual, de una serie de personajes desconocidos, hubiera que decir si son héroes o villanos, creo que un alto porcentaje de personajes con predominio del púrpura serían catalogados de villanos. El verde es un color algo más permisivo, que puede incluso resultar agradable en ciertas ocasiones. Ahí está, por ejemplo, Linterna Verde para demostrarlo.

El cine reciente no se ha sustraido al uso del púrpura y verde para sus villanos

Hay otros colores cuyo uso parece ser más indistinto, como el caso del amarillo, empleado al principio en Daredevil (y sustituido por el rojo en un acierto de cambio de estilo) y de gran predominio en Iron Man. En los villanos también aparece, por supuesto. Define con bastante claridad a Electro, sin ir más lejos, y muchos de los enemigos de Linterna Verde lo poseen también (el anillo que usa Linterna Verde no afecta a los enemigos que visten de amarillo, como se le ocurrió a algún guionista cuanto menos original e ingenioso).


 El amarillo es de uso indistinto para héroes (como Daredévil) y villanos (como Electro). Nótese el bastón rojo de Daredevil y los retazos verdes del traje de Electro

Este espectro de colores ha estado muy presente desde entonces. La elección que se hizo en los sesenta no ha sido ignorada y ha marcado el camino posterior en diseño. Tal vez las cosas hubieran ido por otros derroteros bajo distintas circunstancias. Casi se puede decir que fue una norma, y como toda norma, llegó el momento de transgredirla.

Creo que no me equivocaría si dijera que la perversión de los colores empezó al mismo tiempo que la perversión de los héroes. En el momento en que se instaló la ambigüedad, aparecieron los patrones confusos. Hubo, además, héroes que se volvieron villanos, villanos que se volvieron héroes, lo que contribuyó más aún al pequeño caos. Sin embargo hubo un color que de repente surgió con gran fuerza: el negro.


La época dorada del negro llegó con los héroes de moral dudosa, como el Castigador. El negro siempre ha representado, en nuestra cultura europeo-americana, lo oscuro, lo prohibido, lo siniestro, lo “feo”. Tal vez se deba al hecho de que las sombras producen oscuridad, tal vez se deba al hecho de que los crímenes son asociados a la oscuridad (cuando muchos de ellos, en realidad, se cometen a plena luz del día); seguramente también ha sido esencial el hecho de que nuestro propio cuerpo funciona en base a la luz, y por ello su ausencia produce depresiones y abatimiento. Por mucho que haya tribus urbanas que se sientan más cómodas “en la penumbra”, es una realidad incontestable: el ser humano que vive apartado de la luz se marchita como si de una planta se tratara.

Pasado vs Futuro: una nueva generación imponía sus colores

El negro comenzó a invadir, entonces, los comics, y fue recibido con los brazos abiertos. Alan Moore, Frank Miller, Rick Leonardi y muchos otros amortajaron a los héroes al tiempo que recrudecían los argumentos. Sin embargo no todos los héroes soportaron el transplante. Spiderman no lo admitió, a pesar del fantástico diseño del traje negro, sencillamente porque aunque se trataba de una elección muy cuidada y vistosa no la necesitaba en absoluto, y de ese modo el traje fue heredado por Veneno, que no tardó en ser otro antihéroe más de aquella época. Batman, sin embargo, aceptó el cambio de tan buen grado que su anterior traje azul y gris es cosa del pasado y Robin fue omitido en gran medida de su entorno. Otro personaje fruto de aquellos años es Sandman, otro estandarte del negro, el personaje gótico por excelencia. Su ropa podía variar de victoriana a clásica o a gabardina y vaqueros, pero el negro siempre estaba presente y más que presente: incluso los bocadillos en los que hablaba eran de color negro.


De modo que poco a poco la moda se estancó y se regresó a los orígenes. Marvel tuvo la tentación de hacer segundas versiones de todos sus personajes donde muchos de esos colores evidenciaban el momento de oscuridad que sobre los personajes se cernía (colores más fríos en el traje de Daredevil, negro y gris para Máquina de Guerra, azul más oscuro para el Usagente), pero finalmente todo volvió a su cauce. Ya se sabe, las modas son como un saco, cuando ya no cabe nada metes la mano y coges lo que tenías en la parte de abajo.

Hay dos villanos donde el asunto de los colores está especialmente bien cuidado. Uno de ellos es Harvey Dos Caras. Dos Caras es un personaje donde se puede ver con mucha claridad todo lo comentado anteriormente. La mitad de él es esencialmente buena, no heroica pero al menos no malvada, los colores varían según el dibujante pero suelen ser apagados, modestos y sencillos. La otra mitad, sin embargo, es un frenesí de los colores anteriormente mencionados, en especial el púrpura y el negro. Incluso su propio rostro mutilado presenta colores como el púrpura y el verde.


Otro personaje interesante, esta vez de Marvel, es el Duende. Para crear al Duende, Roger Stern prestó mucha atención al tema de los colores. El motivo es que quería constatar con claridad que el Duende era un villano, pero al mismo tiempo deseaba alejarse del esquema original del Duende Verde. Si se hace una revisión de un clásico hay dos opciones, o tratas de ser muy similar o te alejas del original, y Stern optó por el segundo caso. Es por eso que el naranja y el azul no fueron colores arbitrarios. El naranja además cumplía con una premisa de color contrapuesto al rojo y azul de Spiderman, y el azul resultaba ser un buen complemento a éste último.


Como último ejemplo, es interesante mencionar cómo uno no se puede sustraer al poder de los colores mencionando la saga de Spiderman llamada Crisis de Identidad. En esa saga Spiderman debe permanecer en el anonimato debido a una recompensa de cinco millones de dólares que Norman Osborn ofrece por su cabeza y decide usar cuatro nuevas identidades. Una de ellas tiene predominio del azul y amarillo. Otra de ellas tiene predominio del púrpura, y las dos restantes tienen predominio de colores grises, siendo una de ellas de color negro por completo. Pues bien, bajo la identidad de Prodigy, Spiderman es considerado un nuevo héroe; bajo la identidad de Hornet, engaña a Norman Osborn, que lo toma como un personaje al que manejar; bajo la identidad de Ricochet, se codea mano a mano con sus enemigos y por último, bajo la identidad de Dusk, se deja llevar por su lado más oscuro sin ser capaz de evitarlo. Asociar cada historia con cada esquema de color no es demasiado complicado, y es una buena muestra de que los colores, en efecto, son tan importantes como el traje a la hora de diseñar un personaje de comic.


Y eso sí, tengo una última cuestión que aún hace que me devane los sesos. Si los defensores del bien van vestidos con los colores de la bandera de los Estados Unidos… ¿habrá algún país del mundo al que odien los yanquis con una bandera verde y púrpura? Yo por si acaso, si viajo a USA algún día procuraré llevar siempre vaqueros azules y camisetas rojas.

Viernes de superhéroes (aún más) bizarros (de lo normal): ¡Vengadores de los Grandes Lagos!

Digamos el nombre en voz alta: Vengadores. ¿Qué os viene a la cabeza? Capitán América, Iron Man, Hulk, Thor (y eso a pesar de que Hulk lo fue en apenas unos números). Los seguidores de los comics dirán enseguida a otros sujetos notorios y a menudo más fijos que los mencionados, tales como Ojo de Halcón, La Viuda Negra, Hombre Gigante, Avispa...

Luego habrá gente que recordará que había una división llamada Vengadores de la Costa Oeste (tal cual, no me lo invento), que empezó a hacer que esto de ser Vengador fuera un poco como lo de abrir una franquicia estilo Mc Donald's.

Y finalmente hubo un momento en que ya Spider-man fue Vengador y a partir de ese momento ya todo cristo había sido Vengador alguna vez. Vale sí, Spider-man está tan acabado como personaje que ya no saben qué hacer con él y ha sido de todo: ha sido uno de los Cuatro Fantásticos, le dio la radiación gamma y se hulkizó, se volvió un reptil como el Lagarto, una araña monstruosa, tuvo seis brazos... por cierto que eso da para otra entrada, sin duda...

Pero bueno, volviendo al tema, la cosa con los Vengadores estaba tan abusada que ESTO era el único paso verdaderamente inteligente que se podía dar:


La verdad es que la idea es, cuanto menos, divertida. ¿Qué pasaría si los tíos más penosos del mundo de los superhéroes se hicieran colegas y montaran un supergrupo? Claro, encima pasa una cosa (y no me digáis que no): los gañanes molan. Ser un triunfador es un rollo integral, los perdedores son los verdaderos personajes que nos caen simpáticos. Hay montones de ejemplos en el mundo de la literatura, cine y comic. Mr. Satán, el Frente Popular de Judea, también conocido como el Frente Judaico Popular ("¡disidente!"), los Mistery Men... admitidlo, mis pequeños nerds, ser un perdedor mola. Spider-man no es gafe, lleva años fingiéndolo para que no bajen las ventas y ligarse a las tías por medio de la táctica de dar pena. Bueno, en Spider-man 3 intentó ir de malote por la vida y así le fueron las cosas.

Miembros de los VGL ha habido unos cuantos, pero hablaré brevemente de los centrales, el alma del grupo, tíos majos que, dicho sea de paso, son unos pedazos de pan. Quiero decir, Iron Man mola, Hulk también, pero no invitaría al cretino de Tony Stark a mi casa a vaciarme el mueble-bar ni a Bruce Banner a dar un paseo en coche no fuera que me lo convirtiera en un descapotable. Pero estos tíos, con estos pavos y pavas quedaría a tomar unas gordas sin dudarlo ni un momento.


Mr. Inmortal

El poder de Mr. Inmortal es tremendamente sencillo: no puede diñarla. Bajo ninguna circunstancia. Creedme, lo ha intentado. El pobre sujeto es un tío al que la vida no le ha tratado demasiado bien y un día intenta matarse... sin resultado. Desde entonces trata de quitarse la vida aproximadamente una (o dos) veces al día, aunque sea pa practicar. No tiene ninguna otra habilidad, pero tampoco está mal la cosa: siempre se sacrifica por los demás, y una vez logró que un supervillano de los míticos se pegara un tiro junto con él, convenciéndole de la futilidad de la existencia. Claro, no le dijo que luego él se iba a levantar como si tal cosa. Por cierto, Mr. Inmortal puede ver desde la infancia a un ser que tiene la misión de llevarse las almas de los muertos, y siempre le suplica que le lleve a él, pero este ser le ha dicho que su misión es ser el último ser vivo en el Universo para presenciar... algo...


Flatman

¿Habéis leído Planilandia? Pues aquí está alguien que parece salido de sus páginas. Flatman no es que tenga el poder de hacerse plano, es que siempre lo es. La verdad es que si lo pensáis tampoco es nada, pero nada mal poder. El tipo es un optimista nato, siempre viendo el lado bueno de las cosas. También es el encargado de tirar todos los cds de Aimee Mann de Mr. Inmortal, para evitar que se suicide de tanto escuchar una y otra vez 'One'. Flatman además es un tipo creativo y sabe sacar partido de sus poderes: una vez logró hacerse invisible poniéndose de lado y todo...


Gran Berta

Gran Berta es uno de esos personajes que por fuerza tienen que acabar haciéndose conocidos. Se trata de una supermodelo de infarto que es mutante y tiene el poder de engordar en cuestión de segundos, volviéndose tan resistente que incluso es antibalas. El único problemilla es que cuando tiene que regresar a su identidad normal debe... deshacerse de los kilos que le sobran vomitando (verídico). Berta es una tía que mola cantidad porque a pesar de ser una supermodelo que despierta lujuria por donde pasa, en su identidad de Gran Berta suele ser ridiculizada e incluso a veces objeto de mofa ya no de villanos, hasta de transeúntes, con lo que ha vivido los dos tópicos de las mujeres en carne propia. Aparte de eso es realmente una gran modelo cuyo handicap es vivir en un lugar en el cual su talento no es muy apreciado.


Doorman

Me he dejao para el penúltimo a mi favorito, el gran y majete Doorman, o Hombre Puerta si lo preferís. Doorman es un tío negro de arriba abajo y con unos ojos bastante spidermaneros cuyo cuerpo es un acceso a otra dimensión. Es decir, si Doorman se pega a una pared, todo el mundo puede pasar a través de él y llegar a la habitación de al lado (pero él no puede). ¡Perfecto para recuperar las llaves de casa, señora! Doorman es un tío afable y dicharachero que más adelante en los comics muere y le ofrecen convertirse en el nuevo heraldo de la muerte, en sustitución del tipo al que siempre veía Mr. Inmortal. De ese modo, además de seguir siendo un Vengador, cumple la mayor ilusión de su padre: ¡tener trabajo fijo!

Y para el final me he dejado a la única, la inigualable, la mítica e insustituible:

Chica Ardilla

¿Qué puedo decir a estas alturas de la Chica Ardilla que no sepáis? ¡Es la más grande! Se trata de una mutante con dientes y cola de ardilla y con agilidad, fuerza aumentada, blablabla... mierdas. La Chica Ardilla tiene EL PODER, con mayúsculas... ¡puede convocar y dar órdenes a las ardillas! Creo que empiezo a escuchar las primeras carcajadas, y como me canso de tener que sacaros siempre de vuestro error, insensatos, os encomiendo a que leais este post que dediqué por completo a ella. Sólo os digo que hasta la fecha es la segunda entrada de los superhéroes bizarros más leída de todas, sólo superada por la de Batman/Adam West, y en ella se explica cómo la Chica Ardilla ha derrotado, entre otros, a Doctor Doom, a Modok, a ¡Thanos!, y un largo etcétera. Sólo como añadido a sus méritos, diré que la Chica Ardilla va una vez al castillo de Doctor Doom porque necesita usar su máquina del tiempo para un asunto sentimental (tal cual), y éste empieza diciendo '¿Quién osa entrar en...? Ah, eres tú. Si quieres usar la máquina del tiempo está al final del pasillo, junto al tercer retrato de mi madre'. Grande la Chica Ardilla.

Hay otros Vengadores de los Grandes Lagos, pero estos son de los primeros y de mis favoritos, aunque también está Grasshopper, Dinah Soar... ¡y me olvidaba de Monkey Joe!, que es ni más ni meons que la mascota que siempre acompaña a la Chica Ardilla... hasta que la asesina un supervillano (si un supervillano mata poblaciones enteras no pasa nada, pero si mata una ardilla... hay que acabar con ese hijo de puta enfermo).

Los Vengadores de los Grandes Lagos han pasado también por varios cambios de nombre, tratando siempre de estar a la moda, a veces de un número a otro; otro guiño a los penoso que es últimamente que en los comics están relanzando todas las colecciones y cambiando todos los títulos prácticamente cada doce meses. Por otro lado gozan de cantidad de fans que les han dedicado dibujos en DeviantART:


Y han llegado al extremo de crear sus propias (y geniales) figuras... ¡yo preferiría tener estas que a los Vengadores regulares!

http://www.toymania.com/customcorner/cc19/lakes.shtml

¿Qué más puedo decir? ¡Que estos tíos molan! Y molan más que los héroes hipermusculados de toda la vida. Para empezar, y lo pongo en mayúsculas, SON NUEVOS PERSONAJES. ¡Nuevos personajes, Marvel! ¿Escuchas? ¿Quieres las ventas de hace décadas? ¡Pues inventa montones de nuevos personajes, como hace décadas, y deja de exprimir lo que ya no da más zumo! He dicho...

Y mientras tanto, voy a ver si monto un equipo de Vengadores aquí en España... no sé, los Vengadores Ibéricos, o algo así... ¡nos vemos!


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