Grandes películas de terror olvidadas (16-20)

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20 - Phenomena (Dario Argento, 1985)


Una película que ya comienza de manera icónica, con una muerte vista en primera persona desde el punto de vista del asesino, y con unas míticas tijeras que pasarían a la historia del cine y hasta del videojuego. Phenomena es para empezar una de las primeras películas de Jennifer Connelly, con tan solo 15 años, y sólo por eso ya tendría también su interés. El metraje mezcla de manera excelente dos ideas que en principio podrían parecer de películas distintas: por un lado tenemos una serie de muertes en parajes perdidos de Suiza, todas ellas de chicas jóvenes y todas ellas irresueltas por la policía local, y por otro lado tenemos a Jennifer, la hija de un actor famoso que llega a un colegio internado y con una más que sorprendente fascinación por los insectos que, de hecho, se vuelve mutua con cada vez mayor intensidad.

Con una trama que va aumentando en interés a medida que la película avanza, llegando a un segmento final absolutamente apoteósico, Phenomena es una de esas películas que traspasan la barrera de su propio arte; tanto es así que todo aquel que haya jugado a Clock Tower (Super Nintendo) notará las totalmente obvias referencias a la película, tanto que casi cabe pensar que es más un reinvención de la misma que un homenaje. Su único defecto notable, sin duda, es una mala elección musical en algunos momentos de la película.

19 - The Vanishing (Desaparecida) (George Sluizer, 1988)


No todas las películas que den miedo deben producir horror. A veces basta con atacar el punto más vulnerable del espectador. Aquellos que tengais pareja, imaginaros en un bonito viaje romántico con la persona amada y que de repente, la tragedia irrumpe cuando, en una situación más que sencilla y cotidiana, él o ella se aleja un momento de vuestro lado para no regresar. Eso es lo que le ocurre al protagonista de esta película, Rex, destrozando su vida de manera irremediable, ya no sólo porque es incapaz de seguir hacia delante, sino porque tres años después, el secuestrador empieza a enviarle cartas en las cuales insiste en que quiere verle... y contarle cuál es la situación actual de su novia.

La película es un retrato terrible del dolor en todas sus fases, de una manera nada enfática además (no hay grandes escenas lacrimógenas, ni borracheras del protagonista, ni tópicos similares); de hecho, a veces sorprende por el horror que subyace en el hecho de que estén sentados, y hablando como personas civilizadas, un hombre y el monstruo que le arrebató de su lado lo que más quería en la vida entera. Pero lo peor sin duda es la decisión final que Rex deberá tomar, una decisión que se puede calificar como tortura psicológica en grado maestro. Gran película, tremendamente olvidada.

18 - Cure (Kyua) (Kiyoshi Kurosawa, 1997)


Conocí esta película casi por casualidad, una noche haciendo zapping en la televisión, y descubrí no sólo una excelente historia, sino el verdadero precursor de toda esa oleada de cine japonés de terror que inundaría nuestras taquillas, empezando por The Ring. No en vano, de hecho, Kurosawa dirigió posteriormente la más conocida Pulse... pero lo primero interesante de esta película es que, para empezar, aunque es terror japonés, no tiene un elemento sobrenatural agregado a la trama. El inicio de la historia está marcado por unos bizarros asesinatos con tres elementos en común: las personas que los cometen no recuerdan haberlo hecho, siempre confiesan, y las víctimas aparecen con una X marcada a cuchillo en la garganta.

No tardamos en averiguar (en minutos, de hecho) que el asesino es un muy inquietante sujeto que posee una tremenda capacidad como hipnotizador (puede usar incluso la llama de un mechero o un charco de agua para tal fin), pero que al mismo tiempo parece estar muerto por dentro para absolutamente nada que no sea ordenar matar a otros. De hecho, todo el rato insiste en que él no es nadie... Una película escalofriante que juega con un miedo que todos tenemos, y es a que factores externos se metan en nuestra cabeza y nos hagan ver o hacer cosas que no deseamos en absoluto.

17 - Possession (Andrejz Zulawski, 1981)


Esta película tiene el dudoso honor de ser la única película que he visto en toda mi vida que posee una escena que me obligó a cerrar los ojos, aunque fuera solo por un momento. No me refiero a nada gore ni violento, sino algo tan abyecto y al mismo tiempo tan incomprensible que el solo pensamiento de que pudiera repetirse de nuevo en la película me dejó pegado al asiento hasta el final de la misma. Esta realmente malsana película empieza con un marido, Mark (Sam Neill), que regresa al hogar después de una larga temporada trabajando en un asunto importante y, al regresar, comprende que su mujer, la hermosa pero gélida Anna (Isabelle Adjani), ya no sólo no le ama sino que la mera posibilidad de rehacer la vida juntos le produce poco menos que crisis nerviosas sin igual (rayando incluso el suicidio).

Lo que al principio empieza como un durísimo drama familiar, con hijo pequeño de por medio que ambas partes emplean como rehén emocional para torturar al otro, adquiere tintes siniestros que empiezan con Mark viéndose con una profesora idéntica en todo a su mujer y Anna obsesionada con un enigmático amante del que no esperamos nada bueno. Prosiguen con un terrorífico giro de los acontecimientos que de repente, sin llegar a ser onírico por completo, nos lleva a cuestionarnos lo que estamos viendo porque, razonamos, nuestra mente está más relajada pensando que lo que tenemos frente a nosotros es sólo producto de mentes dormidas. Pero el caso es que no tiene por qué ser así, y de ese modo por nuestra pupila se suceden una serie de escenas tremendas y muy malrolleras que convierten este inicial drama social en horror puro y duro, aún más efectivo porque irrumpe cuando no esperamos en absoluto nada así en tal o cual momento. Una película muy olvidada que aun así fue multipremiada y hoy en día se considera una verdadera obra maestra.

16 - La Mosca (David Cronenberg, 1986)


Acabamos esta tanda con una película más conocida pero que la gente está empezando a menospreciar debido a que como se hizo en los 80, y es altamente dependiente del efectismo visual, a buen seguro defraudará. Nada de eso, en absoluto. No hace mucho que vi esta película por primera vez, pero ya de niño algunas imágenes concretas me produjeron una fuerte impresión. Sin embargo deformé la idea de esta película, y donde pensaba que había horror inimaginable, en realidad el equilibrio que establece Cronenberg entre lo repulsivo y lo conmovedor es magistral, hasta tal punto que más que una película de miedo, La Mosca es sin duda una tragedia en toda regla, una durísima historia de amor perdido, de dolor, no sólo físico sino también mental, de pérdida de la identidad y de la más horrible, destructiva y monstruosa de las enfermedades, una que no sólo te roba el cuerpo sino que también, poco a poco, te va robando el alma, siendo consciente uno mismo del proceso. Durísima esa frase que el protagonista dice en mitad de la película a la persona que más quiere: (Estoy diciendo.. que soy un insecto que soñó que era un hombre y amó. Pero ahora el sueño terminó... y el insecto despertó. Estoy diciendo... que si te quedas, te haré daño).

La historia casi todo el mundo la conoce ya: Seth Brundle (impresionante Jeff Goldblum), un peculiar y solitario científico, conoce a Veronica Quaife (Geena Davis) en un evento de ciencias, donde le promete que, si ella cubre todo el proceso, le enseñará un invento que cambiará a la humanidad, como él mismo proclama: ni más ni menos que la teleportación. El invento, tras unos cuantos experimentos fallidos, parece funcionar no sólo con materia inorgánica sino también orgánica, como demuestra Brundle empleando un babuino. Pero a la hora de realizar el proceso en sí mismo, una mosca se mete en el aparato a la vez que el desafortunado genio, y el ordenador, incapaz de entender que son dos seres distintos, decide fusionarlos... en un proceso terriblemente lento y lleno de detalles escabrosos. Una película impresionante, que funcionó gracias a un guión muy sólido, una química muy fuerte entre protagonistas (novios por aquel entonces), y sobre todo por una soberbia puesta en escena y un muy merecido Oscar al mejor maquillaje, realmente aterrador.

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