¿La presente cultura pop está matando a la futura cultura pop?

Recientes palabras de Alan Moore en las que considera que los superhéroes son una 'catástrofe cultural' me han hecho reflexionar acerca de un asunto, cuanto menos, interesante de debatir. Si bien sus palabras, que podéis leer en este artículo (http://cultura.elpais.com/cultura/2014/01/22/actualidad/1390412516_018602.html), deben ser entendidas en el contexto de un autor complejo, controvertido y, a menudo, con pretensiones de profeta del apocalipsis, encierran parte de verdad.

Estamos viviendo el que puede que sea el primer relevo grande de cultura audiovisual de la historia. La televisión ya lleva décadas entre nosotros, pero no fue hasta los años setenta y ochenta del siglo veinte que explosionó con cientos y cientos de series de animación hoy en día veneradas y recordadas. ¿Por qué voy a este ejemplo en concreto de las series de animación? No ha dejado de llamarme la atención que no hace mucho se creó una nueva serie de Saint Seiya con el nombre de Saint Seiya Omega, cuyo primer capítulo está aquí:



Sin entrar en los pormenores de su calidad, no deja de ser llamativo que en el minuto 4.11, el tema de opening de esta pretendida nueva serie es el mismo que el de la serie original de 25 años atrás. ¿Era realmente necesario hacer un opening así? ¿Dónde empieza el homenaje y acaba la autorreplicación?

Se puede argumentar que esta serie está enfocada para un público infantil, de 7 a 12 años. Pero es que ese es, precisamente, el meollo del asunto.

El mercado de la cultura es como una jarra que vas llenando de líquido. Cuando hay demasiado que leer, demasiado que ver, demasiado que jugar o demasiado que escuchar sencillamente se desborda, y lo superfluo se derrama y desaparece sin dejar apenas huella. Es ley de vida y de renovación, lo viejo debe desaparecer para dar paso a lo nuevo, que dijo Steve Jobs en su discurso de Stanford. Pero mientras que la naturaleza es sabia y posee un mecanismo para tal fin, léase la muerte, el ecosistema cultural está empezando a padecer síntomas de su incapacidad para la renovación.

Los superhéroes llevan existiendo más de medio siglo, y Alan Moore argumenta que están fuera de lugar, que toman tiempo prestado a otras ideas nuevas que no están naciendo y que deberían ser los verdaderos estandartes de cultura pop de una nueva generación. ¿Eso es exagerado? Se puede pensar que el mismo argumento se podría haber acuñado hace veinte años, pero en realidad, no es así del todo.

Si Spawn hubiera sido creado por Marvel, aún seguirían editándose comics a mansalva de él...

Hace veinte años los superhéroes, realmente, saturaron un mercado, el del mundo del comic. Hubo válvulas de escape de esa olla a presión de la mano de algunas obras de autores de renombre (entre ellos el propio Moore, o Frank Miller, o Neil Gaiman). Todos ellos exploraron nuevas fronteras que, en mayor menor medida, ahora crecen con dificultad debido a la presión de las grandes compañías: Marvel y DC. Como en un sistema político bipartidista, su rivalidad ahoga a los 'otros candidatos' al relevo superheroico, y así pasó con Image, Dark Horse, Crossgen y otras editoriales que llegaron tratando de insuflar 'aire fresco' al mercado.

Y no se trata de una cuestión de calidad, sino de presión del poder que supone tener conceptos y personajes que mueven millones sin tener que mover un dedo. ¿Por qué los superhéroes ahora son más prominentes que nunca? La respuesta está en el cine y los efectos especiales. Hace veinte años apenas había películas de superhéroes. Ahora, la industria tiene la maquinaria para hacerlas a docenas. ¿Hubiera podido nacer un comic como Watchmen en una época como la actual, focalizada en conceptos e ideas que ya no van enfocadas a que los niños de hoy posean una identidad propia? Puede que sí. ¿Hubieran quedado atrás muchos otros comics? Seguramente también.

¿Cuántos chavales de 0 a 15 años han visto siquiera alguna vez un dibujo de Alan Lee?

Autores como Hergé ya entendían en parte esta dinámica, y al morir testamentó que jamás nadie haría un nuevo comic de Tintín. J.R.R. Tolkien, al morir, dejó muchas notas que compilaron como libros y vendieron, pero nadie en su sano juicio trataría de coger a otro autor y encargarle que continuara haciendo novelas ambientadas en la Tierra Media. O tal vez sí, pero los lectores, en general, sólo quieren a Tolkien. Incluso las películas han tenido un momento álgido, pero han pasado y dejado lugar a nuevos conceptos, aunque hicieron que durante años las carteleras estuvieran dominadas por fantasía, épica o no, de todo tipo, y muchos han vaticinado que el interés futuro por leer los libros descenderá por culpa de las películas. Lo que es cierto es que, buscando en Google una imagen para poner del libro (una simple cubierta), todo lo que encontraba eran única y exclusivamente imágenes de la película.

La franquicia en el mundo cultural pop es un arma terrible de doble filo. Disney la está empleando con un poder aterrador, además. Lo que parece que se nos va a venir encima ahora que han fagocitado los derechos de Star Wars puede hacer que George Lucas quede como un sujeto que era casi proteccionista con su creación. Star Wars ha tenido su época, y a día de hoy, qué duda cabe que debería haber nuevas trilogías pulp, nuevas historias de ficción espacial; pero ¿las habrá tan exitosas?

Para mí el mundo de la cultura audiovisual no es muy distinto de la burbuja económica que produjo la crisis años atrás. La idea es que no se puede crecer eternamente, y menos haciendo siempre lo mismo (vendiendo casas, jugando con productos monetarios extraños). Si dejamos nuestro legado cultural siempre en manos de las mismas multinacionales, siempre con las mismas ideas (nueva película de Transformers, nueva trilogía de Star Wars, nueva serie de Los Vengadores, nuevo videojuego de Super Mario), ¿no estamos hundiendo precisamente lo más importante de este mercado, esto es, la creatividad?

Super Mario aplastando todo intento de hacerle sombra en el mundo de las plataformas

No está habiendo un relevo real de conceptos. Se puede argumentar que si algo no vende no se puede imponer, pero la realidad es que nada nuevo puede vender a menos que por casualidad toque una fibra en el inconsciente colectivo, ya que la competencia es feroz. ¿Cómo competir con Luke Skywalker, Tony Stark o Link si ellos ya tienen todo el camino hecho?

Por supuesto el tema del merchandising es uno que queda aparte, pero el concepto es el mismo: tenemos que hacer parecer que lo que sacamos es siempre lo nuevo y definitivo. Y sencillamente, si antes no lo hacían, era porque la ingeniería no lo permitía, no porque no lo intentaran. De Pegaso se han podido ya hacer cuatro, cinco armaduras todas iguales pero distintas; figuritas de Optimus Prime, directamente se puede llegar rápido al medio centenar. Este concepto existe hasta en películas, y Spider-man ya ha sido mordido dos veces por una araña radiactiva en apenas diez años. ¡Diez años han tardado sólo en apretar el botón de reset para tratar de vender nuevamente la misma historia! Y diez años, en cómputo cinematográfico, son muy pocos años.

¿Estamos ahogando las voces culturales del mañana, tanto la de los artistas como la de los jóvenes que deberían estar tarareando nuevas sintonías y jugando a nuevos juegos? Unas corporaciones juegan a esto más que otras, no cabe duda de ello; si por Nintendo fuera, por ejemplo, se pasarían siglos vendiéndonos sólo Marios y Zeldas, mientras que Sony o no quiere o no puede hacerlo. ¿El afán de hacer dinero, y el más seguro posible, puede que esté asfixiando el horizonte creativo? Nótese que apenas he mentado los libros y la música, dos industrias que conozco mejor y que están en inmenso declive; he querido poner la llaga precisamente en que las industrias más potentes en términos culturales no están exentas de este grave problema.

¿Los adultos del mañana tendrán una identidad propia o venerarán esencialmente las mismas películas, series y comics, ya sean literalmente los mismos o versiones modernizadas? Algún día existirá un universo de superhéroes de éxito mundial distinto del de Marvel o DC? ¿Llegarán al extremo de rehacer por completo la trilogía clásica de la Guerra de las Galaxias? Sólo el tiempo contestará, pero teniendo en cuenta que Disney está comprando absolutamente todo lo que se le pone por delante (Marvel, Star Wars, rumores de que quieren hacerse con Hasbro), parece claro qué es lo que les gustaría que sucediera.

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