Grandes Villanos de Marvel Universe: Green Goblin/El Duende Verde

La lista de enemigos de Spider-man es larga como un día sin pan. Muchos saldrán en esta lista poco a poco, pero el Duende Verde es, sin el menor género de dudas, el peor enemigo que Spider-man ha tenido y posiblemente tendrá jamás.


Cabe preguntarse cómo ocurrió que este sujetillo que no era más que una imitación de Joker a lo Marvel llegó a alcanzar tal estatus en el entorno del arácnido. Al principio el Duende Verde no era muy distinto de los demás enemigos de Spider-man ideados por Stan Lee: colorido, un tanto absurdo y pulp, hasta llevaba una escoba rara en vez de su característico deslizador, aunque ya poseía su fuerza, sus bombas calabaza y su bolsa de chismes letales. Sus intenciones eran también pueriles y simplonas, un siempre socorrido 'quiero hacerme con el control de la ciudad'. Y es que no hay que olvidar que eran los sesenta, y en esa época los malos querían hacer maldades, y los buenos querían evitarlas.

Pero todo cambió, y revolucionó el mundo del comic, cuando Stan Lee y Steve Ditko tuvieron una idea magistral. Siempre era típico que los héroes, tras una épica batalla, derrotaran a su enemigo y lo desenmascararan. Pero... ¿y si ocurriera al revés?

De ese modo el comic se fragúa con una trama inédita para la época. Todo empieza cuando el Duende idea una suerte de gas que anulará temporalmente el sentido arácnido de Spider-man, convenientemente lanzado por unos matones engañados para tal fin. De ese modo logra espiar a su enemigo mientras se quita la máscara, y descubre, anonadado, que es apenas un muchacho, lo que le deja perplejo por completo, y a punto está de no creérselo. Aun con todo, decide atacarle en el momento más vulnerable que encuentra: en el jardín de su propio hogar, en plena calle, frente al balcón de la Tía May, que apenas ve nada debido al humo que lanza el deslizador. Logra derrotarle, le ata y se lo lleva por los aires, colgado de su deslizador.

A partir de este punto la cosa se vuelve más típica, y el Duende Verde, llevado por la clásica tentación del villano, se desenmascara para mostrar a su enemigo quién le ha derrotado. Pero de nuevo un giro inédito revoluciona el mundo del comic: bajo la máscara estaba Norman Osborn, padre de Harry, el mejor amigo de Peter Parker, creando así un concepto único hasta el momento, que el villano forme parte de la vida civil del héroe.


Esta decisión fue tan compleja que de hecho marcó el final del tándem Lee-Ditko, pues el segundo quería que el Duende Verde fuera un personaje que no tuviera relación alguna con el entorno de Peter Parker. Pero la voluntad de Stan Lee se impuso, y con gran acierto, ya que a partir de ese instante es cuando el villano alcanza su estatus de glorificación definitivo.

Osborn es vencido por Spider-man, y por avatares de la pelea, que incendia el lugar, olvida ser por completo el Duende Verde, enterrando ese recuerdo en la memoria. Una frágil esperanza mueve los actos de su enemigo, que quema su traje y le saca de allí, proclamando a los bomberos que Osborn era un héroe, pues le ayudó a derrotar al Duende Verde.

A partir de ese momento, Norman Osborn se convierte en un personaje inquietante que se empieza a perfilar a la perfección y con todo lujo de detalles. Es un padre rígido y severo, que jamás ha tenido una palabra de admiración hacia su hijo y, sin embargo, siente una especie de afecto extraño por Peter Parker, al que considera un muchacho de gran talento. No granjea muchas simpatías por las novias de ambos, siendo Mary Jane Watson la de Harry y Gwen Stacy la de Peter. Además de eso es un empresario cruel y sin escrúpulos, algo que se ha explorado muy a fondo en series y películas posteriores.

Pero la guinda del pastel es el hecho de que su mente, a menudo, se quiebra, como si algo estuviera mal, y le pasa a menudo mientras escucha hablar de ese Spider-man... como si tuviera algo que ver con él...


La primera vez que recupera la memoria, Osborn no se limita a ponerse el traje y lanzarse en pos de su enemigo. En vez de eso celebra una fiesta en la que hablará de 'un gran secreto que comparten él y su amigo Peter Parker'. La tortura para Parker es tremenda, comenzando con el apretón de manos que Osborn le da al llegar, pues su fuerza es también sobrehumana, debido a una explosión en su laboratorio de empresa. Aun con todo Parker lanza unos cartuchos a la chimenea del lugar, provocando una falsa alarma de incendio y, en medio del caos, y una vez todos evacuaron, luchar a solas contra Osborn para derrotarle de nuevo. Hasta una vez más Osborn volvió a perder la memoria, y la situación se iba volviendo cada vez más tensa e insostenible en todos los sentidos, tanto para los lectores como para los responsables de la colección. Aquello ya no era una guerra por el control de la ciudad, ni siquiera se trataba de una pelea héroe-villano: era, sin más, una contienda personal. Osborn sólo tenía una obsesión cuando se ponía la máscara del Duende Verde. Destruir a Parker y destruir su mundo. Y lo logró. Vaya si lo logró.

Un buen día, Stan Lee y la plana mayor de los dirigentes de la Marvel sacaron un número como otro cualquier de Spider-man. Ese número era el 121, y empezaba tras un regreso del héroe a Nueva York después de pelear contra Hulk. Nada parecía presagiar el desastre. Harry recae en las drogas, y ese hecho precipita a su padre una vez más a ponerse la máscara del Duende Verde, pero en esa ocasión, no irá a por el héroe de manera directa.


Peter llega a casa de Gwen y encuentra en el suelo un bolso ('el que le regalé por Navidad', matiza) y una calabaza del Duende. Tras unas tensas viñetas y dar varias vueltas por la ciudad, encuentra al Duende en lo alto del puente de Brooklyn, y Gwen desmayada a sus pies.


La emoción está servida, y se presta con gran dramatismo dinámico, obra del maestro Gil Kane. Un puñetazo a la desesperada deja a Osborn fuera de combate por unos segundos, y Spider-man trata de llevarse a Gwen de allí, pero Osborn le golpea y la chica cae al vacío.

Lo siguiente que sucede tiene varias interpretaciones (¿Debido a la impresión de la caída? ¿A que Spider-man trata de agarrarla de un tirón?), pero el resultado final es ineludible: Gwen muere ante sus ojos, y el universo Marvel, y el mundo de los comics al completo, pierden para siempre la inocencia. La pelea contra el Duende es de una amargura casi palpable. Peter no quiere detenerle, no quiere entregarle a las autoridades. Quiere matarle sin reservas. Aun con todo Osborn escapa, y Peter deja el cuerpo de Gwen en el suelo de la fría ciudad, frente a decenas de testigos y dos policías, y se muestran dos de las páginas más hermosas y tristes de toda la historia de los comics, verdaderas maravillas de la composición de viñetas, que hicieron llorar a miles de personas, enseñando a un hombre destrozado, abrazando el cuerpo sin vida de su amada, mientras a su alrededor se agolpan los recuerdos felices vividos junto a ella. La frase que Peter pronuncia a los policías es de una brutalidad inédita también: 'Ha muerto... y Spider-man la mató'.



A partir de ese momento, sólo existe una obsesión en la mente de Spider-man: encontrar a Osborn y matarle. Gracias a contactos del Bugle, le localiza, aún vestido de Duende, en un viejo almacén, uno de sus tantos escondites. La pelea es muy dura, y posiblemente el mayor estallido de violencia que he visto desplegar a Spider-man en un comic, pero incluso en ese momento terrible, su humanidad aflora y, con Osborn magullado y contra la pared, le dice que irá a la cárcel. Aun con todo, Osborn trata de matarle aprovechando una circunstancia accidental, que es que su deslizador, dañado en la pelea, se ha torcido por la parte frontal, mostrando una punta afilada. Pero Spider-man se retira a tiempo, y el deslizador se clava en su enemigo, al que sentencian con una frase excelente: 'Muere un orgulloso, crucificado en una estaca de hojalata'.

Ese comic supuso para siempre durante décadas el fin del Duende Verde. Hubo otros después, algunos muy efímeros, como el psicólogo de Harry, y otros más constantes como el propio Harry. Hubo imitadores, algunos de gran renombre (Hobgoblin) y otros de muy baja estofa (Menace). Hubo hasta un Duende Verde que era de los buenos y nada tenia que ver con la familia Osborn y mucho con la de Ben Urich, periodista del Bugle y gran amigo de Daredevil. Hasta trajeron de vuelta al original para intentar arreglar el desmán de la Saga del Clon (algo que marcó el fin de las ideas propias en la compañía Marvel, pues dieron marcha atrás muchas más veces en esos años y con más personajes). El enfoque, al menos, era original: la verdadera amenaza ya no era el Duende Verde, sino Norman Osborn en sí. De hecho, el propio Osborn es el primer interesado en no volver a ser el Duende Verde, pues pierde el control cuando se pone ese traje. Al no llevarlo, sin embargo, es capaz de cualquier cosa... hasta de dominar el mundo, algo que, de hecho, consigue.


Infantil, ¿verdad? Pues eso es lo que trataron de vender a los lectores adultos durante la saga llamada Reinado Oscuro, a principios del siglo XXI. Por ello, no dejan de ser curiosas las vueltas que da la vida: un comic que estaba en teoría hecho para niños y adolescentes, la Muerte de Gwen Stacy, se ha convertido en una de las lecturas más maduras que he disfrutado jamás (y que ha influenciado a personalidades relavantes como Alex de la Iglesia o Guillermo del Toro), y un comic hecho para adultos vuelve al argumento inicial infantil de 'quiero dominar el mundo'. Por eso os recomiendo, muy encarecidamente, que leáis Amazing Spider-man 121 y 122; podéis leer mil comics más donde aparezca Osborn, pero esa fue LA historia con mayúsculas. No sólo de este personaje, o de Spider-man, o de Marvel: fue una obra de arte y uno de los comics más duros y bellos jamás realizados.

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